:Luzbelle:

Publicar nuevo tema   Este tema está cerrado y no puedes editar mensajes o responder

Ver el tema anterior Ver el tema siguiente Ir abajo

:Luzbelle:

Mensaje  SanPuta el Vie Jul 25, 2008 11:10 pm

Hace muchos años, millones de años, en los tiempos de la no-existencia, reinaba la oscuridad, el manto de tinieblas lo abarcaba todo. Y de esa inexistencia, surgió el Grandísimo, por voluntad propia, su inmensa energía destruyó el reino de las sombras.
El Omnipotente observó el vacío del inmenso universo, y con su energía mística se propuso crear un lugar agradable, y el proceso de creación empezó, creó estrellas, planetas, galaxias... Después de un tiempo, contempló lo que había realizado y le agradó. Pero también se dio cuenta que había creado a un ser sin voluntad propia, ese ser se llamó el Caos.
Dios dejó que el Caos reinara por un tiempo, esperaba que su primera creación le redituara frutos buenos, pero Caos, al no ser conciente de sus actos, empezó a destruir la creación del Gran Iluminado. El Altísimo estableció el orden de las cosas y desapareció para siempre el primer ser creado, el Caos.
El intenso trabajo creativo de Dios continuó, hasta que en un descanso, contempló todo lo hecho y sonrió... Pero se sentía muy solo, él era el único con conciencia... Y decidió crear a seres semejantes a él, seres con conciencia propia; y creó a sus dos primeros hijos, El Verbo Encarnado y a Luzbel. Ellos ayudaron a su Padre el Omnipotente en la labor de la creación.
Al Iluminado le agradó tanto la compañía de sus hijos, que decidió crear más seres, pero no serían tan poderosos como ellos, Ya que el Altísimo los tenía en alta estima y no quería que se sintieran menos al lado de sus nuevos hermanos... Creó los Querubines, que serían los encargados de alabarlo y hacerle compañía, siempre están cerca de él y nunca lo dejan solo ni un instante. Tiempo después creo la legión de serafines, y después la legión de arcángeles, y mucho después, el ejercito de ángeles.
Billones de hijos distribuidos en el universo creado, todos colaborando en el proceso del Padre. Sus hijos eran buenos por naturaleza, inteligentes, espirituales, libres, amorosos y por supuesto tenían el don del libre albedrío. Como a todo lo creado, Nuestro Padre estableció un orden en la población celestial, pero sobre todo, debían reconocer como superiores a Dios, a el Verbo y a Luzbel.
Luzbel era muy sabio, bello y poderoso; a nadie, solo a Dios mismo, debía sumisión o respeto. Al principio, era tan creativo y respetuoso de las obras de nuestro Padre, que pronto se ganó la admiración y respeto de toda la población celestial, su poderosa energía, irradiaba amor puro, era la criatura perfecta, se sentía una dicha estar cerca de él; pero no tan cerca, porque su poderosa fuerza amorosa podría lastimarnos... Nosotros, los ángeles, no podemos estar tan cerca de Dios, el Verbo y Luzbelle. Solo con su consentimiento podemos acercarnos, cuando disminuyen su increíble energía luminosa. Solo los Querubines son los que pueden permanecer cerca de ellos, Ni siquiera los Serafines pueden permanecer tanto tiempo a su lado como los Querubines. Nuestros hermanos Serafines son los que nos dicen las labores a realizar, las tareas que nuestro Padre nos encomienda.
Luzbelle, eran tan bellos, sabio y perfecto; nuestro Padre le amaba profundamente, por insistencia de Luzbelle, le dotó de más poder y gloria para continuar ayudando en el proceso creativo... Luzbelle se sentía superior a todos sus hermanos, se sentía en igualdad a el Omnipotente. Empezó poniendo enmiendas a las decisiones del Padre, correcciones a las acciones de Dios. Nuestro Padre no puede disuadirlo de sus acciones, ya que respeta el libre albedrío que le otorgó a su querido hijo.
Con el tiempo, la soberbia y el orgullo anido en el alma de Luzbelle, también sintió celos del Padre, quería ser el único al que se le rindiera pleitesía, creyó hacer las cosas mejores que el Altísimo, y aconsejó y convenció a muchos de sus hermanos menores a que le siguiesen en su rebeldía.
Fue tanta la paciencia de Dios, que solo hasta que se sintió atacado, fue cuando castigó a los rebeldes... Estalló la guerra celestial, los insurrectos con Luzbelle a la cabeza contra los fieles a nuestro Padre. La Guerra no fue fácil; Luzbelle y su ejercito era muy poderoso.
Nuestro Padre no podía interrumpir el proceso creativo, ni tampoco quería que su otro hijo amado, peleara contra su hermano.
Sin nuestro Padre, la balanza en la Guerra se inclinaba sobre Luzbelle y sus seguidores, ganaron muchas batallas... Mientras tanto, El Omnipotente creó una galaxia hermosa, con múltiples estrellas, y en una de ellas, un bello planeta con las condiciones necesarias para florecer nuevas formas de vida... Ese planeta es el que llaman Tierra.
En la batalla final, la decisiva, Dios tuvo que interrumpir su tarea creativa y dejó a cargo a el Verbo, convocó a todos sus fieles hijos y les dijo que pelearon con ahínco, le dijo al arcángel Miguel que el sería el encargado de derrotar a Luzbelle. Miguel le dijo a nuestro Padre, que el haría lo que le ordenara y lo haría lleno de felicidad, por amor; solo que, tuviera en cuenta que Luzbelle era muy superior a él. Dios le contestó: “No te preocupes hijo mío, mi mano sostendrá tu espada y mi aliento mantendrá fuerte tu espíritu”.
La batalla fue agotadora, los fieles derrotaron a los hermanos rebeldes, solo Miguel y Luzbelle seguían peleando... Ningún guerrero podía ayudar a Miguel, pues el solo hecho de acercase a Luzbelle significaba la no-existencia, Miguel con la ayuda del espíritu del Padre, logró derrotarlo... Luzbelle jamás pidió clemencia, solo dijo aceptar el castigo que el Padre le impusiera.
Se dice entre la población celestial, que el Verbo hizo dormir a Miguel antes de la lucha y tomando su lugar fue que venció a su hermano Luzbelle... es un rumor, ya que el Verbo, jamás a hablado sobre esto y Miguel piensa que al perder el conocimiento, el espíritu de Nuestro Padre se apoderó de su alma para vencer al más grande infiel.
El castigo a Luzbel, merecido o no, fue grande... Se le desheredó de gloria, se le arrebató el más grande Don... El Amor. También se le marginó del proceso creativo y solo gobernaría esta pequeña galaxia.
Dios le ama todavía, no pudo evitar la caída de su hijo por respeto al libre albedrío que le otorgó en un principio, nuestro Padre pasó a sufrir en el mismo instante que lo condenó y solo espera su arrepentimiento para restituirlo a su primero y altísimo estado.
Dios sufre porque sabe con certeza que su amor no es correspondido, porque Luzbelle ya no sabe amar, se le quitó ese Don... Y tampoco se arrepentirá, porque necesita del amor para comprender los designios del Altísimo y saber que él era el equivocado y no Dios.
Luzbelle quiere amar, pero ya no sabe como... Y eso le despertó el odio en su corazón, y ese odio crece cada vez más porque se siente dependiente del Padre, El Padre le otorgó un reino, le otorgó poder; todo él se lo debe al Padre y eso le molesta.
Sólo bastaría un pequeño impulso de arrepentimiento, de amor; para que sea restablecido de resplandor y gloria al frente de los tronos; porque el Padre le ama inmensamente... Pero Luzbelle no puede redimirse por si solo, es necesario que alguien le tienda la mano y vuelva a levantar su espíritu, alguien diferente a Dios y a cualquier habitante celestial... Y ese alguien es el hombre.
Nuestro Padre creó a los primeros humanos, Adán y Eva; para que fueran los intermediarios en la conversión de su adorado hijo; Él sabía que se acercaría a la nueva criatura para hacerla blanco de su rencor, y confiaba en que los humanos podrían tentarlo a su vez, para conducirlo a su gloria inicial; con el ejemplo de inocencia, obediencia y humildad... Pero los humanos desilusionaron al Creador
Adán y Eva no conocían el pecado... Adán comió de la fruta prohibida porque Eva ya la había probado, y no quiso que su compañera sufriera sola el castigo divino. Eva no fue engañada por Luzbelle (como muchos piensan), el le dijo la verdad, “si comen de este fruto, tendrán más conocimiento, el conocimiento de Dios”... Y conocieron el pecado.
Los primeros humanos fueron expulsados del paraíso, pero la causa principal no fue haber desobedecido al Altísimo, sino el haber fallado en la redención de Luzbelle, su hijo amado. Los humanos con su caída, no solo se precipitaron a sí mismos en el mal, al mismo tiempo perpetuaron la condena del gran rebelde.
Aun con sus imperfecciones y desobediencia, nuestro Padre los ama profundamente; solo les pide el arrepentimiento de sus malas acciones para llevarlos al paraíso, y poner la muestra a Luzbelle, para que él también se arrepienta y vuelva al camino correcto... Han sido muchos los santos que con su comportamiento han agradado los ojos de Dios y han ayudado un poco a la conversión de Luzbelle, pero hay muchos más de aquellos que se han hecho esclavos y cómplices del hijo prodigo.
El omnipotente mandó a su amado hijo el Verbo para que encarnará como hombre, y los humanos supieran como deberían comportarse, Luzbelle tentó a su hermano, pensó que con las debilidades propias de los humanos, sucumbiría... Pero el Verbo las superó y mostró a la humanidad y a su hermano el valor de la entereza y la fidelidad, pero sobre todo, el poder del amor.
Desde que vino el Verbo Encarnado a la tierra, se dio un gran paso en la conversión del Ángel caído, ya que admiró la perfección de espíritu de su hermano. Luzbelle se servía de la humanidad para herir al Creador, robándole almas, pervirtiéndolas, que ya no adoraran a Dios, sino que lo adoraran a él; pero desde la llegada del Verbo, cambió su actitud, ahora solo busca la libertad del hombre... Que la humanidad no dependa de Dios, ya que él se siente con dependencia y le molesta, quiere que los humanos se gobiernen por si mismos.
Luzbel tiene abiertas las puertas del cielo, él actúa como informante de los avances espirituales del hombre... Muchas veces se juntan, el Padre, el verbo y Luzbelle; El Omnipotente escucha con benignidad sus juicios, informes y acusaciones; le dice cosas como: “Mira lo que ha hecho el hombre sin tu intervención” “Observa sus esfuerzos por establecer un gobierno justo”... Y nuestro Padre le muestra a los justos y santos diciéndole: “Mira aquel hijo mío, como se comporta, de acuerdo a mis leyes... Observa su paz espiritual, su fuerza amorosa”.
Dios le ha dado un plazo a la humanidad, pero no se asusten pequeñas y hermosas criaturas... Ustedes también son sus hijos, no los destruirá como muchos de ustedes mismos dicen. El plazo es para mostrar a su hijo Luzbelle que esta equivocado, que el hombre necesita del amor del Iluminado, del gobierno del Omnipotente; siempre tendrán el Don de libre albedrío... El hombre escogerá que camino seguir, el bien o el mal... Pero entre más rápido muestre a nuestro hermano Luzbelle el camino de la redención, más pronto vendrá el júbilo celestial.

SanPuta
Admin

Mensajes: 55
Fecha de inscripción: 26/07/2008

Ver perfil de usuario http://luzbelle.foroactivo.net

Volver arriba Ir abajo

Ver el tema anterior Ver el tema siguiente Volver arriba


Publicar nuevo tema   Este tema está cerrado y no puedes editar mensajes o responder
Permiso de este foro:
No puedes responder a temas en este foro.